Charly García celebró con una sonrisa y su clásica boina multicolor un reconocimiento que trasciende escenarios y generaciones: la Universidad de Buenos Aires (UBA) lo distinguió con el doctorado honoris causa por su “inestimable aporte a la música y a la cultura nacional”.
“Desde ahora pasaré a llamarme doctor”, exclamó el músico argentino, recibiendo un estallido de aplausos y gritos que recordaban la algarabía de sus conciertos.
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Charly García ingresó en silla de ruedas, vestido de negro y saludando con la mano derecha.
El acto se desarrolló en el aula magna de la Facultad de Filosofía y Letras, colmada de estudiantes, docentes, familiares y amigos.
La vicedecana Graciela Morgade sintetizó el impacto del homenajeado: “La banda sonora de nuestras vidas”.
Desde adolescentes hasta adultos mayores, todos compartieron emociones mientras se escuchaban canciones de Charly interpretadas por un grupo coral, que recorrió su repertorio histórico y actual, incluyendo fragmentos de Sui Generis y sus producciones solistas.
El decano Ricardo Manetti subrayó que García representa “un símbolo de nuestra cultura nacional”, evocando tanto la música clandestina de la dictadura como los himnos que acompañaron la recuperación democrática.
Lisa Di Cione, profesora de Estudios de Música Popular, destacó la “creatividad prodigiosa” de Charly, su capacidad de integrar rock, tango, jazz, folklore y música electrónica, y el impacto social de sus más de 280 canciones y 30 álbumes, entre ellos La grasa de las capitales, Parte de la religión y La hija de la lágrima.
A pesar de que el evento no se publicitó para proteger su delicada salud, el público colmó la facultad. García ingresó en silla de ruedas, vestido de negro y saludando con la mano derecha.
Tras recibir diploma y medalla de manos del rector Ricardo Gelpi, celebró con un gesto de victoria y se retiró, mientras su música continuaba vibrando entre los presentes.
El homenaje cerró con un mensaje simbólico de defensa de la universidad pública: un grupo de estudiantes levantó un cartel con la letra de “Los dinosaurios”, recordando que, como la música de García, los valores culturales y educativos deben perdurar.
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